sábado, 9 de abril de 2011

POR UNA REVOLUCION DEMOCRATICA PERMANENTE:

 POR UNA REVOLUCION DEMOCRATICA PERMANENTE:

Se viene hablando mucho de "3R al cuadrado" (primero: revisión, rectificación, reimpulso; ahora: re-polarización, re-politización y re-unificación) y de las líneas estratégicas de acción política del PSUV. Uno espera que la sensatez para una profunda rectificación y para la renovación radical de las prácticas y los discursos socialistas del siglo XXI, se eleven al cuadrado también. La creación del "intelectual colectivo" es un reto pendiente del proceso revolucionario bolivariano. 

Hasta ahora domina un “régimen de signos”, con una fuerte afinidad con la tradición del Socialismo Burocrático del siglo XIX-XX: con sus fórmulas ideológicas, con sus marcos de sentido, sus guiones (scripts) discursivos, repitiendo sus agenciamientos de enunciación. 

La "tradición de los muertos" sigue aprisionando como una pesadilla el cerebro de generaciones vivas, justamente como Marx hablaba en el 18 brumario de Luis Bonaparte, tomando prestado los trajes viejos. El "trabajo intelectual muerto" sigue dominando como poder independiente y cosificado al "trabajo intelectual vivo". Trabajo vivo, existencia concreta, son las posiciones de enunciación contra una alienación histórica. Pues no solo se trata de liberar la existencia material, sino además la existencia espiritual. 



Sin reforma intelectual y moral, sin pensamiento insurgente, sin renovación y descolonización del pensamiento crítico socialista, será muy dificil escapar del marxismo burocrático del siglo XX, del estatismo, de la moralina compulsiva, del colectivismo despótico que se generalizó en nombre de la emancipación y el socialismo revolucionario. 

Por otra parte, pocos se atreven a decir a viva voz, que la manida "radicalización" no consiste en desempolvar los manuales de un dudoso pensamiento marxiano elaborado desde la extinta Academia de Ciencias de la URSS, sino que consiste en la radicalización democrática del socialismo, en la construcción de la democracia participativa y socialista para el siglo XXI. 

La clave de la renovación es incluso una viaje de retorno creativo al espíritu de la democracia radical, que será apropiado y metabolizado por el propio pensamiento marxiano, pero que pertenece a la memoria de luchas de las clases populares y los sectores subalternos. 

No se trata entonces de etapismos (primero la revolución democrática, lugo la revolución socialista), sino que la revolución democrática y la revolución socialista son dos aspectos de un mismo proceso de revolución constituyente permanente. Por tanto, la vieja historia de algunos nostálgicos de las ideas de los "bolcheviques jacobinos", de suponer que la democracia es solo forma política y el socialismo es el contenido social es una farsa; pues justamente allí se incuba el flagelo del despotismo burocrático prototípico de los "socialismos realmente inexistentes". 

Por ahora, hay mucho imaginario “jacobino-blanquista” disfrazado de "marxismo vulgarizado", de receta "marxista-leninista"; es decir, de fórmulas estalinistas crudas combinadas con mucho “cesarismo-bonapartismo” que desembocan en el "culto al jefe" y a los “reinos celestes” de viejos espantapájaros como Weitling o Lasalle.
 
Lo que es aún ausente, es la apropiación y fecundación del pensamiento crítico, revolucionario y abierto de Marx cuando se referia, por ejemplo, a Flora Tristán: la “auto-emancipación de los trabajadores como obra de los trabajadores mismos”, ó al Marx de la “democracia radical” (movimiento autónomo de la inmensa mayoría por el interés de la mayoría inmensa), al Marx de la “lucha sin cuartel contra todas las formas de alienación material y espiritual” que colocan a los seres humanos en un estado de desposesión, cosificación, humillación y sojuzgamiento. 

El problema es que la izquierda revolucionaria pragmática supone que la teoría revolucionaria ya ha sido "construida" y que lo que resta es "aplicarla". Para ésta, el socialismo realmente inexistente del siglo XX fue un problema de "aplicación" y no un problema de "concepción", de "fundamentos", de rectificaciones históricas en el diálogo permanente entre "teoría" y "praxis". 

Marx no sería para estos marxistas vulgares un “perro muerto”, sino un “perro prostituido” al mejor postor.
Pero no hay peor venganza de la historia, que la de usurpar sus ideas críticas vigentes, pues “la carga del tiempo histórico” desenmascara todas las imposturas. 

Algún día podrán distinguir entre lo que hay de Marx en Lenin, por una parte, y lo que en Lenin desfigura paso a paso todo aquello que hace gigante y vigente al espíritu revolucionario de Marx. Pues entre el pensamiento crítico, abierto e inconcluso "marxiano" hay un abismo con relación al doctrinarismo marxista-leninista que se ha hecho sistema dogmático, cerrado y esclerosado, en manos de todos los apologistas del socialismo burocrático. El "calco y copia", entonces, no puede confundirse con las tareas políticas del trabajo intelectual vivo, de la creación, con las tareas de repensar críticamente, paso a paso, los conceptos y categorias heredadas. 

Desde aquel impulso llamado "proyecto de reforma constitucional", fácticamente fallida en el año 2007, puede observarse un extravío ideológico-político que ha tenido graves consecuencias para la conducción del proceso venezolano: perdida significativa de respaldo político de la revolución bolivariana en sectores popular-urbanos, en franjas importantes de los sectores medios, en pequeños y medianos empresarios que no forman parte ni del gran capital, ni del poder trans-nacional ni de la gran burguesía de Estado. La forma y contenido del mensaje del proyecto de la reforma constitucional era en términos generales una restauración de las concepciones del estatismo autoritario y del marxismo soviético del siglo XX. El método era además algo distinto a una iniciativa constituyente desde abajo. El socialismo no cae del cielo, ciertamente, y tampoco del poder constituido. 

Pero lo más grave de los efectos de aquella coyuntura se cocinan aún abajo, en el desencanto y desencuentro del discurso oficial sobre el "Socialismo Bolivariano" frente a la interpelación y demandas de los “condenados de la tierra”. La esperanza popular por la transformación sustantiva de las condiciones materiales y espirituales, no puede ser desafiada con estafas propagandísticas de bajo vuelo, con una psicología política de masas de corte reaccionario. No puede confundirse con una concepción bancaria, vertical y autoritaria de la política, de la comunicación, de la educación, de la organización de un modo de producción asociativo. 

El humus popular se mueve y no cree en contrabandos ideológicos que nos retrotraen a una suerte de estalinismo de pulperia. El asunto es que la caja de herramientas ideológicas y teóricas con las cuales trabaja la burocracia del Estado y del Partido, siguen estando atadas al "trabajo intelectual muerto"; es decir, que quienes presuntamente luchan contra la alienación, la cosificación, la reificación, la enajenación del metabolismo del Capital, son victimas de un profundo proceso de paralización del pensamiento crítico y revolucionario. El doble problema es que se plantea transformar la sociedad con las armas melladas y podridas del capitalismo y del socialismo burocrático. 


Se viene hablando mucho de "3R al cuadrado" (primero: revisión, rectificación, reimpulso; ahora: re-polarización, re-politización y re-unificación) y de las líneas estratégicas de acción política del PSUV. Uno espera que la sensatez para una profunda rectificación y para la renovación radical de las prácticas y los discursos socialistas del siglo XXI, se eleven al cuadrado también. La creación del "intelectual colectivo" es un reto pendiente del proceso revolucionario bolivariano. 

Hasta ahora domina un “régimen de signos”, con una fuerte afinidad con la tradición del Socialismo Burocrático del siglo XIX-XX: con sus fórmulas ideológicas, con sus marcos de sentido, sus guiones (scripts) discursivos, repitiendo sus agenciamientos de enunciación. 

La "tradición de los muertos" sigue aprisionando como una pesadilla el cerebro de generaciones vivas, justamente como Marx hablaba en el 18 brumario de Luis Bonaparte, tomando prestado los trajes viejos. El "trabajo intelectual muerto" sigue dominando como poder independiente y cosificado al "trabajo intelectual vivo". Trabajo vivo, existencia concreta, son las posiciones de enunciación contra una alienación histórica. Pues no solo se trata de liberar la existencia material, sino además la existencia espiritual. 
Sin reforma intelectual y moral, sin pensamiento insurgente, sin renovación y descolonización del pensamiento crítico socialista, será muy dificil escapar del marxismo burocrático del siglo XX, del estatismo, de la moralina compulsiva, del colectivismo despótico que se generalizó en nombre de la emancipación y el socialismo revolucionario. 

Por otra parte, pocos se atreven a decir a viva voz, que la manida "radicalización" no consiste en desempolvar los manuales de un dudoso pensamiento marxiano elaborado desde la extinta Academia de Ciencias de la URSS, sino que consiste en la radicalización democrática del socialismo, en la construcción de la democracia participativa y socialista para el siglo XXI. 

La clave de la renovación es incluso una viaje de retorno creativo al espíritu de la democracia radical, que será apropiado y metabolizado por el propio pensamiento marxiano, pero que pertenece a la memoria de luchas de las clases populares y los sectores subalternos. 

No se trata entonces de etapismos (primero la revolución democrática, lugo la revolución socialista), sino que la revolución democrática y la revolución socialista son dos aspectos de un mismo proceso de revolución constituyente permanente. Por tanto, la vieja historia de algunos nostálgicos de las ideas de los "bolcheviques jacobinos", de suponer que la democracia es solo forma política y el socialismo es el contenido social es una farsa; pues justamente allí se incuba el flagelo del despotismo burocrático prototípico de los "socialismos realmente inexistentes". 

Por ahora, hay mucho imaginario “jacobino-blanquista” disfrazado de "marxismo vulgarizado", de receta "marxista-leninista"; es decir, de fórmulas estalinistas crudas combinadas con mucho “cesarismo-bonapartismo” que desembocan en el "culto al jefe" y a los “reinos celestes” de viejos espantapájaros como Weitling o Lasalle.
 
Lo que es aún ausente, es la apropiación y fecundación del pensamiento crítico, revolucionario y abierto de Marx cuando se referia, por ejemplo, a Flora Tristán: la “auto-emancipación de los trabajadores como obra de los trabajadores mismos”, ó al Marx de la “democracia radical” (movimiento autónomo de la inmensa mayoría por el interés de la mayoría inmensa), al Marx de la “lucha sin cuartel contra todas las formas de alienación material y espiritual” que colocan a los seres humanos en un estado de desposesión, cosificación, humillación y sojuzgamiento. 

El problema es que la izquierda revolucionaria pragmática supone que la teoría revolucionaria ya ha sido "construida" y que lo que resta es "aplicarla". Para ésta, el socialismo realmente inexistente del siglo XX fue un problema de "aplicación" y no un problema de "concepción", de "fundamentos", de rectificaciones históricas en el diálogo permanente entre "teoría" y "praxis". 

Marx no sería para estos marxistas vulgares un “perro muerto”, sino un “perro prostituido” al mejor postor.
Pero no hay peor venganza de la historia, que la de usurpar sus ideas críticas vigentes, pues “la carga del tiempo histórico” desenmascara todas las imposturas. 

Algún día podrán distinguir entre lo que hay de Marx en Lenin, por una parte, y lo que en Lenin desfigura paso a paso todo aquello que hace gigante y vigente al espíritu revolucionario de Marx. Pues entre el pensamiento crítico, abierto e inconcluso "marxiano" hay un abismo con relación al doctrinarismo marxista-leninista que se ha hecho sistema dogmático, cerrado y esclerosado, en manos de todos los apologistas del socialismo burocrático. El "calco y copia", entonces, no puede confundirse con las tareas políticas del trabajo intelectual vivo, de la creación, con las tareas de repensar críticamente, paso a paso, los conceptos y categorias heredadas. 

Desde aquel impulso llamado "proyecto de reforma constitucional", fácticamente fallida en el año 2007, puede observarse un extravío ideológico-político que ha tenido graves consecuencias para la conducción del proceso venezolano: perdida significativa de respaldo político de la revolución bolivariana en sectores popular-urbanos, en franjas importantes de los sectores medios, en pequeños y medianos empresarios que no forman parte ni del gran capital, ni del poder trans-nacional ni de la gran burguesía de Estado. La forma y contenido del mensaje del proyecto de la reforma constitucional era en términos generales una restauración de las concepciones del estatismo autoritario y del marxismo soviético del siglo XX. El método era además algo distinto a una iniciativa constituyente desde abajo. El socialismo no cae del cielo, ciertamente, y tampoco del poder constituido. 

Pero lo más grave de los efectos de aquella coyuntura se cocinan aún abajo, en el desencanto y desencuentro del discurso oficial sobre el "Socialismo Bolivariano" frente a la interpelación y demandas de los “condenados de la tierra”. La esperanza popular por la transformación sustantiva de las condiciones materiales y espirituales, no puede ser desafiada con estafas propagandísticas de bajo vuelo, con una psicología política de masas de corte reaccionario. No puede confundirse con una concepción bancaria, vertical y autoritaria de la política, de la comunicación, de la educación, de la organización de un modo de producción asociativo. 

El humus popular se mueve y no cree en contrabandos ideológicos que nos retrotraen a una suerte de estalinismo de pulperia. El asunto es que la caja de herramientas ideológicas y teóricas con las cuales trabaja la burocracia del Estado y del Partido, siguen estando atadas al "trabajo intelectual muerto"; es decir, que quienes presuntamente luchan contra la alienación, la cosificación, la reificación, la enajenación del metabolismo del Capital, son victimas de un profundo proceso de paralización del pensamiento crítico y revolucionario. El doble problema es que se plantea transformar la sociedad con las armas melladas y podridas del capitalismo y del socialismo burocrático. 

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