domingo, 30 de septiembre de 2012

Perspectivas, una semana antes

Perspectivas, una semana antes

MARCOS SALGADO 
 Falta una semana para las elecciones que concentran la atención del mundo. Restan apenas cuatro o cinco días para el cierre de las campañas electorales y da la sensación que -aunque los candidatos lógicamente echen el resto- está todo dicho. Nada de lo que pueda suceder en términos de estrategias electorales va a modificar las cosas. 


Marcos Salgado – Question Digital 

Resta el cierre de campaña de Capriles en la avenida Bolívar el domingo, que sin duda será masivo. Resta el cierre de campaña del presidente Chávez -se calcula que será en el mismo escenario, el miércoles- que será (a no dudarlo) una movilización multitudinaria, tal vez al estilo de la que se vivió previo a la victoria del 2006, la que colmó la avenida Bolívar y también varias avenidas adyacentes.

Capriles encabezó una campaña accidentada, donde no quiso primero y no pudo después mostrarse como el candidato “de la unidad”. Los partidos, grupos y grupúsculos que lo acompañaron no figuraron nunca ni cerca del candidato, que prefirió los pequeños actos pueblo por pueblo (algunos mínimos, otros más numerosos) como forma de mostrarse desplegado pero sin tener que confrontar con la capacidad de movilización del presidente.

El candidato de la derecha no logró estructurar un discurso claro, con propuestas concretas. La estrategia del oficialismo de denunciar el carácter neoliberal de su programa fue efectiva y el video de uno Juan Carlos Caldera, uno de sus colaboradores cercano recibiendo fuertes sumas de dinero fue un misil en la línea de flotación.

Aún así, magullado, Capriles se mantiene a flote y el cierre en la avenida Bolívar le dará algo de aire. ¿Por qué después de una campaña tan accidentada el derechista llega más o menos de pie al 7-O?

Por un lado, logró mantener sin sobresaltos mayores su envase, el packaging electoral del flaquito más o menos jovencito que recorre el país porque “hay un camino”. Los que compren esa imagen -y los hay, y muchos- rellenan sin darse cuenta con sus propias expectativas y esperanzas el “camino” en cuestión. Compran el mensaje de una publicidad de algo que no necesitan (que para eso está la publicidad) y creen que con eso que compran estarán mejor.

Pero el mérito mayor no es de Capriles, ni de sus asesores, ni de los medios de comunicación que le apuntalaron y difundieron el packaging. Porque la inmensa mayoría de los votos que coseche Capriles no son de él, que se entienda. Son los votos del odio visceral, el miedo inducido, el raciocinio intoxicado por campañas mediáticas permanentes que los medios del proceso no logran conjurar.

Son votos de clase, y votos de los que se creen o quieren ser “clase alta” y por eso jamás votarían a un presidente con cara, color y acento de pueblo que ya ha dado extensas y claras muestras de que es pueblo y ahí se queda.

De los millones que votarán a Capriles el 7-O solo una pequeña, muy pequeña porción se beneficiaría si Venezuela sale de Chávez. Por el contrario, la mayoría de los votantes de Capriles jugarán una extraña ruleta rusa cuando enciendan los leds rojos al lado de la foto del “flaquito” en el tarjetón electoral.

Pero en la otra acera las mayorías votarán en defensa propia. Y mantendrán en Miraflores al presidente que no solo no empeoró sino que mejoró las cosas en 14 años. El presidente que le cambió la cara a Venezuela. Y la vitalidad del proceso -aún con todas sus contradicciones y debes- está en la calle. “Caracas parece una ciudad en construcción”, me decía un colega llegado en estos días para cubrir las elecciones para un medio extranjero, mientras recorríamos la avenida Libertador con edificios de la misión Vivienda Venezuela aquí, allá y más allá. Caracas está en construcción, Venezuela está en construcción. Vaya que sí.

El colega realizó apenas aterrizado un ejercicio de perspectiva que deberían hacer, en estos días, todos los electores. Es lo que propone el presidente Chávez en cada discurso masivo en cada estado del país, cuando enumera lo echo y explica lo que falta. Es lo que responden los miles y miles que se acomodan en las aceras para ver pasar en caravana a su comandante, cuando los cronistas aciertan en preguntar, lisa y llanamente, “¿por qué?”. “¿Por qué está aquí?”, “¿por qué apoya a Chávez?”. En esos casos el pueblo responde, casi siempre, enumerando. Enumerando los logros de la Revolución Bolivariana que le cambiaron la vida.

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