domingo, 17 de marzo de 2013

REDES TRUJILLO: Juan Barreto: Hacer añicos el discurso burgués

Juan Barreto: Hacer añicos el discurso burgués (Opinión)



Gráfica – Juan Barreto.

Primicias24.com (Prensa Redes) – Bertolt Brecht dijo: “¡Qué tiempos estos, en que/ hablar sobre árboles es casi un crimen/ porque supone callar sobre tantas alevosías!”. Hablar del árbol supone asumir que no garantizamos que se pueda seguir hablando de él a futuro, por lo menos en vida de ese mismo árbol, en un mundo, además, en donde es visto como riqueza y mercancía.

En su último libro, Ecce Comu, Gianni Vattimo se pregunta: ¿puede alguien convertirse en comunista después de 1989? La respuesta que consigue es lapidaria y concluyente. No sólo se puede, también se debe, si de lo que se trata es de hacer posible la vida en el planeta. “Ningún tercer o cuarto camino se halla en condiciones de revertir el actual estado de desigualdad existente en todo el mundo”, dice.

La versión personal que Vattimo adelanta sobre el comunismo necesario para los tiempos que corren, es ante todo una armadura ética anclada en la tradición histórica e intelectual del pensamiento marxista comunero, salpicado de anarquismo republicano, libertario y democrático, despidiendo al economicismo, el reformismo y las posturas socialdemócratas.

Volviendo la mirada a la Barcelona de Buenaventura Durruti. “Un pensamiento enfrentado al capital desde una postura antiautoritaria y subversiva. Un comunismo que valga como ideal moral regulador y como propuesta viable, eficaz para la realización material de la justicia y la democracia directa en lo económico, en lo político y en lo social. Se trata de construir una visión lúdica, estética y desenfadada, incluso brutal en su franqueza, una apuesta impúdica para la esperanza”.

Nos habla de la necesaria retoma de los palacios de invierno de una poética provocadora que haga añicos al discurso burgués y cualquier otra “normalidad” (se refiere especialmente al discurso mediático). Veamos como lo argumenta: “‘Volver a ser comunistas’ no es excesivo, ni una impostura, o un despropósito político. No debe avergonzarnos. Es nuestro salvoconducto anticapitalista, nuestra vacuna contra el odio, la intriga, el asedio y asesinato moral que usa a las instituciones públicas contra los ciudadanos, al estilo Ley Patriota. Ser comunista hoy, es una suerte de oración, de ‘Padre Nuestro’, para conjurar a los demonios del miedo, que apelan desde la soberbia, al chantaje y a la fuerza para aniquilar a los enemigos. Asunto que podemos observar en todo el mundo con sólo acercarnos a la ventana. Es oponerse sin reservas y al costo que sea a un poder ultraplanetario que opera en los espacios microfísicos, desde el fascismo de la vida cotidiana, como dijera Arendt. La pregunta que quedaría sin respuesta si la radicalizamos a la inversa, es: ¿Cómo no ser comunista hoy?” 



Gráfica – Juan Barreto.

Vattimo no desperdicia el espacio y le dedica una extensa reseña a lo que llama la Venezuela de Chávez. Habla entonces de la construcción política de una trama extensa de relaciones sociales que tiene como fuente de compromiso la identificación con Chávez. El consenso (con-sensualis) de base no lo logra en primera instancia un programa o un partido, lo logra la afiliación afectiva a un líder. Esto representaría un peligro para tal proceso, a no ser que leyéramos el lazo existente desde el poder del amor y la solidaridad. Desde la poderosa urdimbre que la esperanza puede desplegar cuando se ancla en las emociones más puras, y desde allí, en el deseo que se hace biopolítico. Comunismo, por lo tanto, para compartir la emoción de la esperanza común sin la cual no hay política que valga. ¿Organizar el sentimiento en estructuras –permanentes o efímeras, según sea el caso–,o liberarlo de manera renovada para que fructifique en pulpo, abriéndose en mil flores? Vattimo llama a estaemoción que se respira hoy en Latinoamérica “democracia de alta energía”; o más bien comunismo, un término maldito para las clases dominantes y tal vez, por eso mismo, conveniente para el sentimiento común de cambio.

Para que lo que hay de nuevo encuentre su cauce.

Juan Barreto Cipriani

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